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lunes, 1 de marzo de 2010

Arquitectos iberoamericanos Siglo XXI





El Banco Nacional de México a través de Fomento Cultural Banamex, A.C. auspició “Arquitectos iberoamericanos Siglo XXI” en el que “la historiadora del arte Louise Noelle ha coordinado una cuidadosa selección de exponentes iberoamericanos que reflejan las tendencias constructivas practicadas por éstos durante los últimos 50 años”. Una edición de verdadero lujo, pero con contenido.


Omar Rancier fue el responsable de los ensayos sobre los arquitectos del Caribe, que también incluyen de Puerto Rico a Segundo Cardona y Andrés Mignucci. Roberto Segre, en cambio, escribió el texto sobre Gustavo Moré.


Plácido Piña.
La arquitectura a través del conocimiento.
Por Omar Rancier

Plácido Piña nació en 1945 en La Vega, un pequeño pueblo capital de la provincia del mismo nombre, al norte de Santo Domingo, preciado por su aporte a la cultura y al deporte dominicano; dos de las pasiones que abrazará el futuro arquitecto al transcurrir del tiempo. Es posible afirmar que su obra se referirá, en ocasiones, a la arquitectura “vegana” que conoció desde niño, aunque él se reconozca mas urbano por haber viajado a los once años de edad a Santo Domingo para estudiar la secundaria, lejos de la vigilancia que el régimen de Leonidas Trujillo sometiera a la familia Piña en su ciudad natal por haber sido su padre parte de un movimiento opositor al tirano. En la capital cultiva un amor por la ciudad como expresión de vida caminando por las calles de Gazcue, un barrio de principios de siglo XX, con casas solariegas, grandes jardines y un arbolado urbano excepcional, y por las calles de la Ciudad Colonial, con sus fachadas urbanas corridas y sus monumentos.

Entra a la carrera de arquitectura de la entonces Universidad de Santo Domingo no por vocación sino por solidaridad con sus amigos que entraban a la Escuela de Arquitectura y se graduó en 1970, luego de un año de trabajar con algunos de los principales arquitectos del pais. Es galardonado con el Premio del Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (Codia) otorgado al mejor estudiante de arquitectura de su generación.

En su formación profesional ha identificado dos grupos de profesores que le dejaron esa pasión por la arquitectura, la historia, las artes y la técnica: un primer grupo, el “Eje Italia”, compuesto por Rafael Calventi, Víctor Bisonó, Manuel Salvador Doi Gautier, de formación italiana, que le trasmiten la noción de la historia y el humanismo como instrumentos de diseño; el segundo, de formación norteamericana, especialmente Fred Goico, de la Universidad de Pennsylvania -la escuela de Louis Kahn-, con quien trabaja entre 1970 y 1971, Él le enseñó el oficio de la arquitectura y la relación del conocimiento técnico con el diseño del espacio arquitectónico, como un sistema integral que hace posible que el edificio funcione. Además, la formación “kahniana” de Goico le proporcionó otra sensibilidad diferente a la clásica europea, una estética trabajada desde el espacio y sus relaciones operativas y técnicas, y la poesía -el espacio y la luz de Kahn- que se desprende de esto.

Esas dos visiones la sintetiza en el periodo de trabajo en la oficina de Rafael Calventi (1972-1977) , quien a pesar de ser el miembro más prominente del “Eje Italia”, había colaborado en las oficinas de Ieoh Ming Pei en los Estados Unidos y por lo tanto compendia las dos aproximaciones. Con Calventi participó en los mas importantes concursos de diseño de la época, en un medio poco dado a los concursos, y ganando el de la sede principal del Banco Central de la República Dominicana, donde colaboró en el diseño del auditorio, uno de los edificios paradigmáticos de la arquitectura de la segunda generación arquitectos modernos dominicanos.

Hacia 1977 fundó su propia firma: P. Piña y Asociados. Ese mismo año ganó el concurso de diseño para el edificio sede del Banco Hipotecario Dominicano (BHD), junto con Harry Carbonell, el que finalmente no se construye porque el banco cambió el sitio original por uno más urbano. No obstante, Piña rediseña el proyecto, el cual responde certeramente al emplazamiento y en el que logra manejar, hacia el interior, la fría escala corporativa con unas vigas que cruzan el gran espacio del lobby, reduciéndolo a dimensiones mas humanas.

Una de las cualidades de Plácido Piña es ser capaz de integrar un pensamiento lúcido y contemporáneo a sus propuestas de diseño. Siempre informado de las vanguardias, su arquitectura ha sido influenciada por estas, sobre todo en el pabellón deportivo del Santo Domingo Country Club (1980), con Harry Carbonell, que enfrenta por primera vez la arquitectura dominicana con la postmodernidad. A pesar de que ha declarado no ser postmodernista “es mejor hablar de actitudes que de estilo”(1) , es quizás el mejor representante de lo postmoderno en su país. Sin embargo, su búsqueda expresada en una serie de obras de excelente factura y apoyada en un pensamiento conceptual muy sólido, ha transitado no sólo por la posmodernidad, sino también por el neoracionalismo en el Edificio BHD y el regionalismo crítico casa de campo La Cuaba,(2) diseñada con Andrés Yuyo Sánchez y César Curiel, dos miembros de su estudio. Justamente, otra cualidad de este arquitecto es que ha hecho escuela desde el taller de diseño y, en muchas ocasiones, su estudio se ha convertido en un espacio de formación de jóvenes profesionales, en momentos en que las academias de arquitectura dominicanas estaban en retirada conceptual.

Su trabajo ha buscado un ideal caribeño, que se expresa desde una visión de puertas abiertas al conocimiento; es la búsqueda de una arquitectura propia, aunque gusta decir que “la arquitectura dominicana es la que se hace en la República Dominicana”. El conocimiento de la realidad del Caribe Español,(3) le ha permitido convertirse en el eje de un grupo de arquitectos del Caribe (Fernando Salinas y José Antonio Choy de Cuba, Luis Flores de Puerto Rico, Gustavo Torres en Martinica, entre otros) que han consolidado una arquitectura regional caribeña que supera cualquier posible dependencia a las tendencias primer mundistas.

Las últimas obras de Piña recorren otros caminos y se entroncan con una visión más racional de una arquitectura corporativa que siempre trata de humanizar y un trópico caribeño que pretende interpretar desde la contemporaneidad. Haciendo uso de su erudición, las referencias van desde una versión caribeña de la arquitectura moderna en la Tienda Domus, un prisma puro horadado, hasta el racionalismo de Giuseppe Terragni en la Casa del Fascio en Como, Italia, presente en el Centro Tecnológico del Banco de Reservas. Sus trabajos de acompañamiento a las exploraciones caribeñas de las casas de campo, desarrollados con Sánchez y Curiel, son una muestra de exquisitez arquitectónica que reconocen nuestra cultura, nuestro clima y sus espacios, al mismo tiempo que incorporan unas secuencias espaciales totalmente contemporáneas a la concepción de la arquitectura antillana. Su aproximación a lo urbano se lee en sus emplazamientos, que reconocen el sitio y aportan un valor agregado a la ciudad, como la plaza-jardín de la Tienda Domus, la reafirmación de la esquina en el BHD o la fachada urbana que compone en el Centro Tecnológico Banreservas.


Centro Tecnológico del Banco De Reservas

La propuesta del Centro Tecnológico del Banco de Reservas parte de transformar un antiguo edificio de oficinas estatales emplazado en la avenida Jiménez Moya. El inmueble se localiza al norte del Centro de los Héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, antigua Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, y uno de los centros históricos modernos más importantes del Caribe que aloja algunas de las piezas paradigmáticas de la arquitectura dominicana diseñadas por Guillermo González Sánchez, el arquitecto de la modernidad dominicana. El concepto de esta edificación fue tejer una relación entre La Feria y el antiguo edificio de la CDA, una magnífica pieza neoracionalista diseñada por William Vega y Fernando Ottenwalder en los años ochenta.

La estrategia fue mantener la modulación evidente del edificio de Vega y Ottenwalder y rescatar la continuidad con La Feria en términos de escala, materiales (abandonado por restricciones en el presupuesto) y sobre todo en la visión del racionalismo italiano expresado en las referencias a la Casa del Fascio de Terragni que aparecen desdibujadas en el edificio de la Secretaria de Trabajo, en la Feria. Piña asume esa influencia y la trabaja sensiblemente en la fachada de su edificio; la atempera entonces con el gesto de unir la nueva edificación con el edificio de Vega y Ottenwalder, trabajado por el equipo técnico el Banco de Reservas, con un pórtico que proporciona escala humana al primer plano entre las dos edificaciones; allí sorprende con una alusión al cine, incorporando una serie de monolitos negros que se asocian con el monolito de la cinta de Stanley Kubrick, 2001: Odisea del Espacio y que representa la actitud del hombre frente al conocimiento, quizás el principal tema su arquitectura.

La intención de relacionar este proyecto con La Feria se expresa además con una de las decisiones más controversiales del proyecto: cambiar la arborización existente de por una serie de palmas reales, que no dan sombra en una ciudad donde el sol del trópico golpea fuertemente. La idea subyacente fue la de marcar una transformación en el paisaje que indicara el inicio de la avenida Jiménez Moya, para diferenciarla de la evenida Winston Churchill, su continuación, y de esa manera asociarla con la arborización del Centro de los Héroes.

El proyecto se completa con un edifico de estacionamientos en la parte posterior y con un elemento que contiene todos los equipos técnicos de la institución bancaria; este no es percibido en el diseño, como un ejemplo de la no-expresión de los servicios tecnológicos contemporáneos, digitales y electrónicos, frente a la expresión tradicional moderna de la función propia de la época de la maquina.


La Catalina

El método de trabajo de P. Piña y Asociados se basa en lo que el propio Piña llama un “estudio horizontal”, que permite la participación de todos al mismo nivel y propicia un proceso dual crítico-formativo; esto ha favorecido ese accionar paralelo a las academias en determinados momentos, y admite un ejercicio crítico continuado que se expresa en un enriquecimiento de la producción de los proyectos del estudio. Un ejemplo de este método de trabajo es La Catalina, una hermosa casa de campo situada en una colina que domina una plantación de naranjas en el sitio llamado La Cumbre, sobre la Autopista Duarte que comunica Santo Domingo con la zona del Cibao.

En este proyecto, en el cual participaron los jóvenes arquitectos Yuyo Sánchez y César Curiel, se explora una serie de temas que son recurrentes en Piña: el de la casa de plantación, como generador de una tipología caribeña, y el del claustro cisterciense, como propuesta de ordenación espacial, referido a su desarrollo histórico y tipología conventual, como a su reinterpretación moderna en el Convento de la Tourette de Le Corbusier.

Dentro de una rigurosa cuadrícula de 3 x 3 metros se resuelven todas las relaciones espaciales que articula un patio o claustro conventual dominado por una alberca y donde se comunican todas las dependencias de la casa. Organizadas en una estricta secuencia funcional, se inicia con una entrada de gesto minimalista, dominada por un alto pergolado de madera que nos recuerda alguna de las obras de Luis Flores en Puerto Rico -evidencia de esa conexión caribeña-, que se conecta a uno de los lados del claustro y termina en una dramática perspectiva que se vuelca sobre una impresionante vista de la plantación de naranjas y las montañas en lontananza.

Los detalles la completan: la estructura de madera rigurosamente modulada; la utilización de piedras del sitio que conforman una base que dan continuidad al emplazamiento, el tratamiento de los cuartos de baños, sobre todo el de la habitación principal, que trasciende su utilidad higiénica para convertirse en un mirador privilegiado; y las puertas de pivote central que de nuevo llevan al Puerto Rico de Henry Klumb.

En suma, Plácido Piña ha encontrado su arquitectura a través de una búsqueda en el conocimiento, demostrando la relación entre el intelecto y el accionar de diseño.

Notas.
Omar Rancier, Historia de un Edificio: BHD. Hoja 15 de Arquitectura, El Nuevo Diario. 9 de agosto de 1982; y “100 Hojas de Arquitectura” Grupo Nuevarquitectura Editora Taller, 1984.
Roberto Segre entiende que la Cuaba es la mejor muestra de regionalismo critico en el Caribe.
Ha recorrido en bicicleta, una de sus pasiones deportivas -actualmente es el velerismo- que reivindica el pasado deportivo de su ciudad natal, casi la totalidad de la ciudad de La Habana. Tuve la experiencia de recorrer las calle de Ponce en Puerto Rico con un Plácido ávido de conocer esa arquitectura que se repite, en la ciudad dominicana de San Pedro de Macorís, como Antonio Benítez Rojo en La Isla que se repite, 1998.
Pags. 402-413, tomo II
Arquitectos iberoamericanos Siglo XXI. Introducción Louise Noelle, editora.
2006. Fomento Cultural Banamex, A.C. México.
ISBN 968-5234-52-2 Obra general

Un ojo a 4 Visiones...


Presentación, en noviembre del 2004, en la puesta a circulación del libro "4 Visiones de Arquitectura Contemporánea" editado por Arquitexto. Publicado ahora como un recuerdo a Miss Rhina. O a mi niñez.


A modo de introducción.
Hacer alguna aclaración que explique mi presencia, sería, por lo menos, innecesaria. La vez anterior que me tocó hacer una presentación fue en una velada cultural para la escuela de Rhina Espaillat, Miss Rhina, en el Teatro La Progresista de La Vega. De eso hace hoy cincuenta años y me estrené por primera vez, también, un flu azul. En los ensayos estuve tan nervioso que a Miss Rhina se le ocurrió que la hiciera con Evaristo Dante, mi hermano gemelo, si lo hubiera tenido, además de mi vecino de enfrente. Para entonces Evaristo Dante tenía otros dos hermanos que también querían participar, así que para evitar celos y contribuir a la armonía de la velada, a Miss Rhina, quien años después, como una premonición urbana, habría de sembrar los framboyanes de la entrada del pueblo, se le ocurrió algo aún mas descabellado: sería entre los cuatro, los tres Pezzotti y yo, y debíamos hablar en secuencia, como lo hacían Hugo, Paco y Luis, los sobrinos del pato Donald. Y así mismo fue. Como era en inglés, y el primero en hablar, sólo me tocó decir: “Ladies and Gentelmen.” Hasta hoy, esa ha sido mi presentación mas larga. El susto y el éxito fue tal, que jure no hacerlo mas.

Como ven me costó cincuenta años superarlo. A ese ritmo sólo puedo aspirar a una tercera y última vez. En esta ocasión estoy sólo, pero debo presentar 4 Visiones: las de Antonio Segundo, Daniel, Mariví y Rafa.

La anécdota, mas que para explicar mi presencia, o mi ausencia, es para pedir indulgencia y comprensión.

De modo que este momento tiene para mi un reto y un doble significado. Doble, porque además, justo hoy 22 como a esta hora mas o menos, hace apenas 36 años, concluía mis estudios con una presentación ante el profesor Rafael Calventi y un jurado nada complaciente.

Para Miss Rhina, y para Rafael, son estas palabras.



Un ojo a 4 Visiones...

Cuando Carmen y Lourdes, o Lourdes y Carmen, me pidieron echarle un vistazo a la idea de este proyecto, lo hice con la certidumbre de que pasaría, por lo menos, una tarde agradable. Al rato me di cuenta que además de a dos amigas, tenía ante mi a dos verdaderas editoras. Apasionadas, decididas y capaces.

A veces los proyectos evolucionan tanto y tan rápido que sorprende. Lo que era una monografía de 4 arquitectos pasó a ser la Serie 4x4 y de ahí la Editora Arquitexto. Así, en medio de la dinámica envolvente de esa tarde tuve que pedir un descanso, necesario y urgente. Lo necesitaba porque yo, que nunca he estado en un parto, ni me atrevería a estarlo, me encontraba, de repente y sin proponérmelo, en medio del parto de unos cuatrillizos nacidos en serie de 4x4 y de manos de dos mujeres que acababan de iniciar una editorial privada de arquitectura. Una locura! Ya recuperado, me atreví a decirles: esto va a ser un éxito rotundo!. Así de fácil y como quien no quiere la cosa surgió este proyecto. Y meses después estoy aquí... ante 4 Visiones. Increíble!

El título y la serie habría que explicarlo. Es obvio que es 4 Visiones porque muestra la obra de 4 arquitectos. Esta vez tres y una arquitecta. Pero el 4x4 nada tiene que ver con tracción alguna, con madero o con tubular de metal. Parecería una alusión a 10x10, pero tampoco, como tampoco tiene nada que ver con 7x7. La colección 4x4 es una serie de 4 monografías que muestra cada vez 4 obras de 4 arquitectos, pero que, además, no tienen que ser ni 4 arquitectos, ni 4 obras. Lo hacen entre 4, eso si, Lourdes, Carmen, Michelle y Francisco. Como quiera que lo ponga, siempre da 4.

Lo que mostrará la Serie 4x4 de Editora Arquitexto es la obra monográfica reciente de los arquitectos y las arquitectas dominicanos. La contratapa ya lo anuncia, pretende ser “la base del desarrollo de la documentación gráfica de la arquitectura dominicana”. Y lo hará.

El único antecedente reciente que recoge la arquitectura de la democracia en un volumen, es “Arquitectura Contemporánea en República Dominicana” (1986) de Rafael Calventi, auspiciada por el BNV. Documenta la obra dominicana de un período de unos 20 años (1965-1986). Aunque, ya antes, “100 Hojas de Arquitectura” (1984) lo había hecho de otra manera: con la obra cotidiana. Esta nueva obra significativa de arquitectura dominicana registra, en el formato de una monografía, la obra de 4 autores. La iniciativa del BNV de asociarse a este proyecto con la adquisición de una edición para su distribución exclusiva, es, sin duda, un aporte significativo a la bibliografía profesional y una prueba de que el libro de arte, de arquitectura y de diseño urbano, es apreciado y valorado por la sociedad.

Si se pudiera pensar en un vacío en la documentación del acontecer profesional, habría que recordar, por lo menos, la publicación de “27 Ideas Urbanas” del ADN y el “Concurso Vivienda Mínima” de la Asociación Popular. Pero también hay que acotar que en este período se han consolidado dos revistas importantes, AAA, que se define como una “Revista Internacional de Arquitectura, Urbanismo, Historia y Cultura en el Gran Caribe” y Arquitexto, “Orientada a difundir la Arquitectura y ramas afines de la República Dominicana.” Ambas son un registro impresionante de la profesión. Y no deja de sorprender que naciones con mucho mayor grado de desarrollo, ni siquiera cuentan con una publicación regular. Sin olvidar, tampoco, la presencia digital de Periferia, Arquiteca y otras páginas, que promueven y animan el intercambio en la web.

Se está desarrollando toda una industria editorial y digital alrededor de la arquitectura y el diseño urbano dominicanos, con excelentes editores, magníficos relatores y comentaristas, talentosos diseñadores e ilustradores y brillantes fotógrafos. Y en todo hay tanto hombres como mujeres. La industria, las finanzas y la publicidad, se han dado cuenta de ello y la reconocen como medio idóneo para llegar a sus clientes.

La práctica de la arquitectura y el diseño urbano ha alcanzado un grado de madurez relevante. Una condición básica para el desarrollo de una industria editorial con buenas perspectivas. Por supuesto, hacía falta lo esencial: una producción arquitectónica de calidad y volumen apreciables. 4 Visiones es un testimonio de todo ello.

En un libro de arquitectura, la fotografía es esencial. 4 Visiones tiene la propia visión de Francisco Manosalvas. Francisco tiene buen ojo y buen lente para la fotografía de arquitectura y a ello se ha dedicado de un modo profesional y entusiasta. Lo importante de su aporte a 4 Visiones es que se aproxima a la obra en forma sensible y recoge de ella el ambiente y el aura, la intención y el resultado. Lo hace con honestidad y coherencia, sin los preciosismos o manipulaciones que harían después que las obras sean irreconocibles. Esa visión de 4 Visiones es la que nos conduce a interpretar y valorar las obras de la monografía. Y lo hace bien.

El diseño de Lourdes Periche es refinado, consistente y equilibrado. Usa el diseño gráfico como un instrumento, casi imperceptible, para potencializar las obras y elevar la fotografía a una categoría inesperada. Lourdes se ha consolidado en el diseño gráfico especializado en arquitectura. Es un talento que se desplaza entre la elegancia y la precisión.

Los textos de Carmen Ortega y Michelle Valdéz sólo pretenden poner en contexto la obra con una descripción somera y discreta que beneficia el disfrute gráfico, sin sacar de foco lo esencial de la monografía que es la arquitectura misma. En la introducción, en cambio, Carmen y Michelle tienen tiempo para una reflexión importante de cara al futuro de la arquitectura dominicana, dicen: “Necesitaremos dejar de lado los elementos de arbitrariedad y frivolidad, aprender de nuestro medio y sintetizar, a través de la actividad creadora, los recursos que disponemos como sociedad, como ambiente histórico concreto, como contexto natural caribeño.” Y concluyen con un compromiso: “...destacar las buenas prácticas, mantener una actitud crítica y estimular las buenas intenciones...”

Esos son los primeros 4 de 4 Visiones. Ahora les pido el consentimiento para que me permitan echarle un ojo, el izquierdo o el derecho, cualquiera, a la obra que se muestra en 4 Visiones en el mismo orden en que aparecen. Lo hago con absoluta franqueza.





Antonio Segundo Imbert. Cuando vi a Antonio Segundo una noche en una mesa redonda de recién graduados en la Casa de Francia, hace ya unos 10 años, me di cuenta que era un chico con agarre y pasión. Estaba dispuesto a todo para poner a prueba su dedicación. Su obra muestra eso. Se mueve, sin tapujos, desde un vernáculo casi naïf (Villa Los Aurelios, Terminal Punta Cana) a un moderno con alusiones a Terragni (Hylsa) o a Moneo (Ilumel 2). Pero lo mas fascinante de Antonio Segundo es su paso por el automovilismo, con unas exploraciones que van del pop al op, con guiños irónicos a la deconstrucción. Es una obra en exploración que aún está por ver su futuro. Está pendiente de una señal que traspase esos momentos casi siempre llenos de humor.






Daniel Pons. De Daniel aún me queda su imagen de entrega y perseverancia. Así lo recuerdo, siendo un estudiante, junto a Harry Carbonell en el taller de diseño urbano Ciudad Alternativa en Unibe, hará ya cosa de 12 años. Y poco ha cambiado. Salvo su pequeño divertimento en Furgovilla, su obra es absolutamente abstracta, sin ninguna concesión. Es el mas exclusivista. Su proyecto para un “diseño corporativo de entidad bancaria” (primero Bancrédito y hoy León) me parece uno de los ejercicios mas destacables en la búsqueda de un prototipo. Usando algunos elementos y materiales recurrentes y sistemáticos, adapta el modelo a diferentes tamaños y contextos. Los prototipos son aproximaciones arriesgadas porque tienden a ser estáticos, y por tanto aburridos, y casi siempre desconocen el contexto y envejecen mal. Daniel, en cambio, toma los quiebrasoles de la sede original reciclada, con la idea de materiales que tenía cuando era el Chase y los pasa por una alusión a los 50 y 60 con una manipulación notable.






Mariví Bonilla. Cada vez que se abría un nuevo centro comercial en Santo Domingo o en Santiago me encontraba con Mariví, siempre atareada, dando los últimos toques y tomando las decisiones mas apremiantes. Me sorprendía cómo una chica tan y tan frágil podía involucrarse en unos proyectos tan demandantes. A veces la imagino sentada sobre un tronco en un recital de Pedro Luis Ferrer. Y siempre la veo entregada con un entusiasmo que pone los pelos de punta. Mariví se ha decantado por la arquitectura de interiores y es toda una especialista en tiendas de lujo. Su trabajo muestra una evolución desde una aproximación vía los materiales y las texturas donde todo, o casi todo, cabe, a una depuración hacia lo esencial que la coloca ahora en línea de un minimalismo enriquecido, que bien podría aludir a Pawson (Biscote, MB). Pero, donde Mariví me lo ganó todo es en MB Arquitectura, su estudio. Cuando lo visité me quede de una pieza, y después, al volver en si, me invadió la euforia. La obra de Mariví, mas que la de ningún otro, es ella. Ella misma.






Rafael Selman. Conocí a Rafa en el estudio de Eduardo cuando acababa de regresar de Tulane. Era para mi era una incógnita de cómo un chico que parecía tan apacible encontraría un espacio propio siendo hijo, además, de un arquitecto reconocido. Como contraste, y pensando en Fred, lo vislumbré como a alguien que apostaría por lo americano. El resultado es, por fortuna, todo lo contrario. Ha mostrado una voluntad que todavía no me cuadra con su imagen. Cosa curiosa, de las 4 Visiones, la de Rafa en la mas popular. Lo mas destacado, sus edificios de vivienda colectiva, es la mayor aproximación que he visto recientemente a la cultura popular dominicana. Es de una ambigüedad deslumbrante y es el único que apuesta hoy por el color a todo dar, con rabia, en una mezcla casi ingenua de lo moderno con la figuración popular. Sus condominios me traen a la memoria los apartamentos de Teofilito Carbonell de los 50 (Deligne 12 y 14). Es un camino con esperanza, pero lleno de riesgos. Y sigo sin entender cómo un chico educado en Tulane, puede resultar tan criollo. Un misterio.


En un relato que leí hace unos días, un personaje, quizás Biralbo, interesado en el asunto de la autoría en la obra de arte, como en la paternidad, se preguntaba “Somos los autores de nuestras obras?” Una pregunta que me estremeció y que tiene para mi un interés especial.

Estoy persuadido que nuestros aportes son mucho menos de lo que imaginamos o suponemos. Cada vez mas siento que los usuarios son mas relevantes y determinantes y que por lo regular nos superan en ingenio o en determinación de cómo serán las obras. Me he convencido que podemos ser excelentes intérpretes de esa aspiración y de que, cuando lo hacemos, nuestras obras son mas apreciadas, perdurables y sensibles. 4 Visiones puede ser una muestra de ello. Sin olvidar que es una obra joven, de -40.

Ahora, son autores de sus propias obras? Las 4 Visiones se entremezclan entre sí porque comparten un mismo espacio en un mismo tiempo, pero además, son producto de sus profesores y maestros, de sus formaciones, de sus talleres y de colaboraciones y asociaciones diversas, de las herencias y las culturas dominicanas. Son partícipes de una cultura mucho mas universal y mucho mas local de lo que se pudiera suponer. Se anida en ellos una impronta dominicana de la arquitectura y de la construcción, que hace posible que esa obra exista y se desarrolle como producto de los precedentes. Lo son, pero sólo en la medida en que transforman una herencia y una práctica que alimenta lo local como espacio diferenciador y como particularidad universal. A eso, creo, han apostado las 4 Visiones.

Gracias. Espero verles en la próxima oportunidad...
22.11.2004

ARQUITEXTO
No. 49, marzo 2005 p. 14-16
Santo Domingo, República Dominicana

100 Hojas




Tenía años buscando un ejemplar del libro 100 Hojas de Arquitectura que ocupara el sitio del mío desaparecido. Todos los esfuerzos eran en vano. Pero hace unos días, hablando con Cuquito (Moré), salió a relucir el tema -como el gusano- y me sorprendió con la noticia de que tenía dos ejemplares. Me envió uno a título de “préstamo permanente” y a condición de que si desaparecía el suyo tendría que devolverlo. Acepté.

Aunque tengo una colección casi completa de recortes de la Hoja (hasta el no. 126), tener el libro se había convertido en una obsesión. Así que en cuanto lo recibí me pasé dos días releyéndolo minuciosamente. Lo disfruté. Recordé, otra vez, cómo nos mantenía en vilo cada semana sin mancar.

100 Hojas es el registro cotidiano más importante que existe de la práctica y el debate de la arquitectura dominicana de principios de los 80. Una prueba documental valiosa y referencia obligada para cualquier estudio del período. Tiene ese frescor, esa pasión y fuerza arrolladoras, que visto ahora conmueve a cualquiera. Así que cuando se habla, casi siempre en pareja, de Omar Rancier y Emilio Brea y de Nuevarquitecura y su manifiesto de sueños, confieso, hay que quitarse el sombrero. Admiro esa dedicación y persistencia.

Me emocionó volver a leer el prólogo que hice para el libro. Y lo suscribo. Lo comparto aquí como mi único prólogo en la vida. Y también para conservarlo en el blog, por si acaso Cuquito se aparece y me quita el libro.


PROLOGO

Cuando salió la primera Hoja de Arquitectura pensé que el proyecto moriría muy pronto. Estaba casi seguro de que a lo sumo publicarían unas diez hojas... luego se cansarían. Ese presupuesto de fundamentaba en el hecho de que me resultaba difícil detectar en el Grupo Nueva Arquitectura -su patrocinador y editor- una ideología arquitectónica que diera sostén conceptual a las ideas de una arquitectura que significara su propia propuesta.

Al examinar las 100 Hoja de Arquitectura me doy cuenta de lo lejos que estaba en mis dos supuestos. El proyecto se sostiene con firmeza y entusiasmo y, lo mas importante, su propuesta ha sido otra muy diferente a mis expectativas.

La Hoja de Arquitectura tiene tres pilares coherentes con la propia naturaleza y espíritu de quienes la producen. Se basa en la difusión, la polémica y el estudio de las arquitecturas. Si se analizan estas hojas desde esa perspectiva, se advierte que su existencia está ligada a aspiraciones colectivas vigentes en los arquitectos dominicanos.

La temática de la Hoja es tan amplia que mantiene en vilo al lector de arquitectura que espera su salida cada semana.

Su recopilación en este volumen es un esfuerzo editorial reconocible y memorable. Es una colección de acontecimientos -reseñas y debates- destinada a formar parte de la bibliografía arquitectónica dominicana. Revela, ademas, el grado cultural e intelectual en que se desarrolló la práctica arquitectónica en ese período de dos años.

Admito sin pudor mi regocijo cuando salió la Hoja de Arquitectura número cien; me había equivocado. La Hoja de Arquitectura tiene todavía por delante un largo tiempo y el Grupo Nueva Arquitectura mucho que decir.

Es sólo el inicio de la historia. Falta la historia.

P. Piña

Universidad Central del Este (UCE). Vol. LII.
100 Hojas de Arquitectura.
Editadas Semanalmente por el Grupo Nueva Arquitectura. Prólogo de Plácido Piña
Reproducción fascimilar de las aparecidas en el Nuevo Diario del 3 de Mayo de 1982 al 3 de Abril de 1984.
1984, Ediciones Universidad Central del Este. Impreso Editora Taller. Santo Domingo, República Dominicana.

Luis Flores. Arquitecto



Luis Flores.
El Arquitecto y su Oficio
Por Plácido Piña y Emilio Martínez

Lo más relevante en la arquitectura es su capacidad de trascender, y la obra de Luis Flores trasciende el lugar, el espacio, la memoria y la cultura puertorriqueña.

Una arquitectura asentada en el trópico, en lo caribeño y en la tipología como un hilo conductor que analiza lo recurrente y lo reinventa con una sustancia conceptual que convierte lo cotidiano en una nueva estrategia de diseño.

En esa persecución sin descanso de una arquitectura que supere las limitaciones de los recursos, Luis Flores entrega una obra que es ejemplo de lo más significativo de la cultura puertorriqueña en el Caribe, desarrollada en un contexto cada vez más riguroso en la esencia y las características de la región donde está arraigada.

El análisis de las tipologías que dan sustento a la obra de Luis Flores revela el bagaje intelectual y cultural en que se fundamentan sus ideas. Su configuración, basada en precedentes locales, regionales e históricos, alimenta el desarrollo de nuevas concepciones tipológicas que le permiten reinterpretar la realidad, la cultura y la historia del pueblo de Puerto Rico. De ahí que la repercusión que tiene su arquitectura en el contexto regional, va más allá de unos propósitos locales y de la propia naturaleza limitativa del programa de los encargos.

La notable síntesis ideológica de su obra temprana de investigación sirve de sostén a su obra madura y más representativa: se le puede llamar la ideología de lo grandioso, de lo significativo, de lo trascendente, lo público y lo colectivo, y se fundamenta en una humanística de raíces genuinamente nacionalista.

Un estudio detallado de su obra pone de manifiesto la apropiación de unas estrategias de diseño siempre consistentes, guiadas por su “sentido de sitio o lugar” o el genius-loci de su obra. Ubicar y contextualizar la obra arquitectónica se logra de varias maneras, dependiendo del programa y el área de emplazamiento, pero siempre hay que reconocer la esencia del lugar. En los casos del Balneario El Tuque y el Cementerio de Aguas Buenas, la estrategia utilizada es la de crear ese contexto necesario para el desarrollo de la obra arquitectónica, emplazadas en ambos casos en extensiones de terreno rurales, no urbanizados y sin un entorno definido.

En el caso de El Tuque, el acotamiento del paisaje se logra con un muro de contención que crea un espacio interior-exterior y que por medio de taludes hechos de vegetación, disipa su impacto. De esta manera, crea todo un espacio controlado donde puede ahora insertar el programa. En el Cementerio de Aguas Buenas, el mismo elemento de muro delimita el antiguo cementerio y sirve a su vez para crear el nuevo recinto funerario contra el cual se ubican nuevos nichos y la capilla, como pieza central, con su referencia histórica a la iglesia parroquial del pueblo perdida hace años.

La intervención de centros urbanos se define a través de otra estrategia, como sucede con las terminales de carros públicos de Ponce, Río Piedras y Dorado. La tarea aquí es la del reconocimiento e integración de los elementos que forman e informan ese contexto urbano, a la obra arquitectónica. El programa requerido por estas instalaciones es uno muy extenso en areas, por lo que la manipulación de escalas y vocabulario arquitectónico es imprescindible, de manera que aminore el impacto que estos desarrollos puedan tener en la trama de la ciudad. Igualmente, la integración de las circulaciones del tejido existente a la obra arquitectónica establecen la pertenencia de esta última a la urbe.

Una característica a destacar en la obra de Luis Flores es el espacio y su secuencia. Sirviéndose del muro para definir un espacio, el usuario entra al recinto de las piscinas de El Tuque por medio de un túnel que se crea al interrumpirse el talud sembrado del exterior. Una vez traspasado este umbral, se percibe el recinto desde una perspectiva cuasi bi-dimensional, donde el único elemento vertical que se destaca es la torre mirador. Enseguida se vislumbra una invitación de ascenso que permitirá reconocer, desde esa otra mirada, la totalidad de la obra. La secuencia que presenta la torre es particular en el sentido de que en cada tramo de ese ascenso se niega la perspectiva que se busca, y a su vez obliga a apreciar el paisaje del que se procede. No es hasta que se llega al último nivel de la torre, que sorpresivamente se revela el objetivo del ascenso: las piscinas y el recinto interior de El Tuque.

La manipulación de las secuencias espaciales logra influenciar un emplazamiento en la misma forma y medida que el programa arquitectónico. Con las terminales de transportación, la resolución de las circulaciones peatonales y vehiculares y su continuidad y conexión con el resto de las circulaciones de la ciudad, es lo que define en gran medida la disposición del espacio interior.

En las terminales de transportación se beneficia al peatón dándole preferencia a su movilidad, espera y encuentro con el vehículo de transporte a abordar. En la Terminal Oeste de Dorado, una circulación peatonal bisecta el proyecto de manera que se logra una conexión entre dos vías urbanas que quedan separadas por una diferencia topográfica significativa y un bloque urbano muy extenso. En Río Piedras se utiliza una estrategia similar para solucionar problemas de circulación aún más complejos donde los condicionantes, que no son únicamente topográficos sino también multidireccionales, se resuelven tanto con el espacio interior como con los volúmenes exteriores.

En el Parque del Turabo la secuencia espacial obedece a un esquema diferente, pero con igual peso en favor del ser humano ante la máquina. En la escala ascendente de la montaña, se abandona el carro en la cota más baja, quedando éste oculto bajo un manto de vegetación, y se asciende inmediatamente a una plaza definida por un muro que obra como la fachada del parque. Desde este lugar se perciben de inmediato las opciones para el disfrute del parque, quedando establecida claramente la Terminal de la Telesilla, instalación de importancia en la continuidad del ascenso hacia la cima de la montaña.

La contextualización de la arquitectura suele darse por lo general en el campo de lo físico, pero en la arquitectura de Luis Flores este gesto existe también en el ámbito de lo cultural. Es una arquitectura que evoluciona partiendo de las tradiciones. Basa sus propuestas en una metodología rigurosa de investigación y análisis, que lo llevan a recrear la tradición con novedosos matices. De esta forma recuerda la iglesia parroquial del pueblo en el Cementerio de Aguas Buenas, perdida años atrás y replanteada aquí en sus rasgos más característicos. De igual manera, en el Parque de Bombas de Dorado utiliza cerámica en el recubrimiento de la fachada, un elemento peculiar de ese pueblo que puesto aqui en piezas en rojo y negro (colores emblematicos del Parque de Bombas de Ponce) marca una doble referencia al quehacer arquitectónico puertorriqueño.

La incursión de Luis Flores en los temas de lo puertorriqueño y, en su contexto más amplio, de lo caribeño, es una de las aportaciones y legados más relevantes de su obra arquitectónica. Utiliza y pone “en-vogue” una gama de elementos tropicales como las pérgolas, ventiladores, techos a dos aguas, aleros, trellises y ventanas de celosias, que colocan su obra en verdaderas latitudes tropicales. Integra estos elementos, que se encuentran en múltiples expresiones en la arquitectura vernácula caribeña, y los utiliza con gran maestría en su obra.

En la Residencia Flores en Ocean Park, pequeña casa “bungalow” que remodeló para su familia, se exponen a manera de resumen todos los elementos de la composición arquitectónica de la obra anterior, retomados con el carácter de lo doméstico propio de una casa unifamiliar. La forma en que se apodera de los patios es un reconocimiento al cambio en la zona, de suburbana en sus orígenes en los años de 1930, a la condición urbana actual. Esta recuperación del patio frontal transformado en uno interior valiéndose de elementos tropicales como apergolados y retículas de madera y reja, ayudan a la ampliación de la casa dentro de las restricciones de la propiedad. Estos son los rasgos recurrentes que hacen alusión a todo un vocabulario arquitectónico vernáculo.

La nueva secuencia espacial que se impone en la casa de Ocean Park, muestra una complejidad de lecturas enriquecedoras del lugar. La sala-comedor, centrada como espacio principal de la casa, se jerarquiza por el doble puntal que, a su vez, sirve de lucernario. Lo articula el típico “medio punto” que permite y define a la vez la doble lectura del mismo. Las distintas opciones de circulación a su alrededor, aportan a la variedad de secuencias espaciales que aparecen en la estructura. Transformar así una estructura, sin haber perdido ningún rasgo arquitectónico importante y mantener la escala tanto de la casa como del lugar, es una contribución significativa al pensar y al hacer arquitectura en Puerto Rico.

Luis Flores es la figura de referencia más importante en la arquitectura contemporánea de Puerto Rico y el Caribe. Su obra incorpora y refleja la búsqueda incesante de una arquitectura con arraigo en los valores de la cultura y la historia de su pequeña isla en la región caribeña. Una obra profunda que trasciende y eleva a lo más noble y significativo la cultura del pueblo de Puerto Rico.









Tomado de
Luis Flores. Arquitecto
Colección Catálogos de Arquitectura. 2009
ISBN 0-9841614-0-6